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Fuente:
IGLHRC
Fecha: 11 Mar 2005
Intervención oral en la 49na
Sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, de
Dorothy Aken´Ova en representación del CAUCUS DE SEXUALIDADES DIVERSAS
10 de marzo de 2005
Gracias, señora presidenta. Hablo hoy ante ustedes como representante
del Caucus de Sexualidades Diversas. Mi nombre es Dorothy Aken´Ova y soy
la directora ejecutiva del Centro Internacional por la Salud
Reproductiva y los Derechos Sexuales (INCRESE), en Nigeria.
Los derechos sexuales nos pertenecen a todas y a todos, no sólo a las
marginadas y a los marginados. Los derechos relacionados con la
sexualidad son parte del espectro de los derechos humanos y libertades
fundamentales reconocidas en el plano internacional, pese a los esfuerzo
apenas velados que se están haciendo por presentarlos como "nuevos
derechos". El paradigma de los derechos humanos es un discurso en
constante evolución que se apoya en interpretaciones alimentadas por
movimientos sociales globales y paisajes políticos en cambio permanente.
Todas y todos sabemos que los derechos humanos son indivisibles y que
todas las personas deben disfrutar de su pleno ejercicio. Las
identidades y expresiones de género no existen separadas de otros
aspectos de nuestra identidad como la raza, el género, la edad, el grupo
étnico, etcétera.
Los derechos sexuales, si bien incluyen la orientación sexual, también
abarcan la integridad corporal, la autonomía, la privacidad y la
elección. Tienen que ver también con no sufrir discriminación, coerción
y violencia, como lo señala el Párrafo 96 de la Plataforma de Beijing.
Aún así, todos los días, hay personas que se enfrentan a la tortura o la
prisión, y que incluso son ejecutadas cuando gobiernos fracasan en
cuanto a la protección de estos derechos. Los estados deben tienen la
responsabilidad de respetar, proteger y hacer que se cumplan los
derechos humanos de todas las personas, sin importar que sean o no
lesbianas, homosexuales, bisexuales, transgéneros, intersex o
heterosexuales.
Percibimos con consternación que algunos estados todavía conservan leyes
coloniales que penalizan la actividad sexual entre personas del mismo
sexo, así como las expresiones sexuales y de género que no se ajustan a
las normas.
Algunas de estas leyes se han perpetuado en nombre de la religión.
Rechazamos este uso político de la religión que impone valores
coloniales y patriarcales, y promueve fundamentalismos y toda clase de
extremismos.
Diversas formas de sexualidad han existido durante siglos, y los
movimientos sociales que defienden y promueven los derechos de las
personas cuya expresión sexual y de género no se ajusta a los modelos
heteronormativos existen en todas las regiones y culturas. Muchos de
estos movimientos por la justicia social han trabajado desde adentro de
la lucha más amplia por los derechos humanos, contribuyendo a
fortalecerla. Queremos mencionar también la historia de quienes
redactaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros
instrumentos de derechos humanos e invocar la visión que tuvieron
mujeres valientes y reflexivas como Hansa Mehta, una feminista india que
promovió la noción de que todos los seres humanos son iguales en
dignidad y derechos.
Nos enfrentamos a una contradicción problemática: por un lado, un
trabajo político rico y diverso, a escala global, relacionado con la
diversidad sexual y de género; y, por otro lado, un clima de odio y
violencia contra los grupos marginados. Todavía los derechos humanos
relacionados con la sexualidad siguen siendo un punto de controversia en
muchos debates dentro de la ONU. La 49na sesión de la CSW no es una
excepción. Muchos países están comprometidos con el progreso de los
derechos sexuales, y así lo han afirmado en forma pública y privada. Sin
embargo, las relaciones de poder desiguales y las tácticas de coerción
entre los estados han hecho que ese apoyo se silencie y la semana pasada
han puesto en peligro una declaración sobre los derechos humanos de las
mujeres que contaba con un fuerte consenso.
Los derechos humanos, la igualdad, la implementación de la PAB y el
cumplimiento de los ODMs, no pueden avanzar mientras existen grupos
estigmatizados, marginados, y sometidos a la discriminación y la
violencia. Al oponerse a las tácticas de coerción, incluyendo la
difusión de mitos y la manipulación mediante el miedo, debemos
reconocer, adoptar y celebrar la diversidad de la especie humana. Hacer
menos que eso es un insulto para todo aquello en que se basa en el
sistema de Naciones Unidas.
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