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Declaración de las
mujeres de América Latina y el Caribe ante la 49ª sesión de la CWS
Señora Presidenta, Señoras y Señores Delegados,
Compañeras y Compañeros:
La Plataforma de Acción de Beijing, significó una apuesta hacia la
equidad y la democracia en el mundo y en cada país integrante de las
Naciones Unidas. Las organizaciones feministas y de mujeres de América
Latina y el Caribe reafirmamos su valor como confluencia entre los
gobiernos y la sociedad civil por la construcción de un mundo justo,
igualitario e inclusivo, y por ello, componente fundamental e
irremplazable de las agendas democráticas.
Sin embargo, la implementación de la Plataforma se
ve obstaculizada por tres fuerzas hasta ahora innombradas en esta 49ª
sesión de la Comisión del Estatus de la Mujer que queremos hacer
visibles: el impacto y la exacerbación del modelo neoliberal, el
militarismo y los fundamentalismos.
El neoliberalismo ha devaluado los derechos ciudadanos, especialmente en
su dimensión económico-social y más gravemente: los derechos de las
mujeres. El militarismo ha globalizado guerras y torturas y está
incursionando en los países de nuestra región, desde una concepción de
guerra infinita, para expandir la hegemonía imperial.
Los fundamentalismos hablan desde visiones
congeladas, libros sagrados y países superiores, y pretenden avasallar
el carácter plural, ciudadano, democrático y laico de los Estados e
invalidar el derecho de las mujeres a tener derechos.
En esta 49 sesión esto se ha expresado en el chantaje sistemático y
grosero hacia nuestros gobiernos por parte de aquel que desde una visión
imperialista, cree que con unas monedas puede comprar la soberanía, la
dignidad y las voluntades de los otros. Y se ha expresado también en la
injerencia constante de las religiones, especialmente de aquella con
status de país observador de las Naciones Unidas. No es por casualidad
que estos dos Estados son los que menos convenios internacionales de
derechos humanos y medio ambiente han firmado.
Las Naciones Unidas deben ser laicas y
democráticas, deben tener reglas claras y universales y no rendir
pleitesía a visiones particulares ni a visiones divinas.
Las Naciones Unidas no deben estar sujetas a las arbitrariedades de un
Estado que pretende desconocer derechos ya conquistados por las mujeres
en la Plataforma y en convenciones internacionales como la CEDAW y los
Pactos de Derechos Civiles y Políticos y de Derechos Económicos Sociales
y Culturales.
Fortalecer a las Naciones Unidas es democratizarla, es darle primacía a
los derechos humanos, es generar mecanismos de incorporación de la
sociedad civil para hacer efectiva la inclusión de todas las personas.
Las Naciones Unidas son los pueblos de esas
naciones, y esos pueblos, nuestros pueblos, quieren que se expandan los
derechos de todas las mujeres, de las millones que viven en la pobreza,
de las que son desplazadas por la guerra o la miseria, de las que pagan
con sus vidas las patentes de las trasnacionales, de las que por su
raza, etnia, orientación sexual o edad, son discriminadas y postergadas.
Y para que nadie siga muriendo por abortos ilegales, pese a la soberbia
imperial, esas Naciones Unidas contribuirán a la consagración de nuevos
derechos, con el compromiso mucho mas activo de cada Estado.
Hoy, más que nunca, recuperamos la Plataforma de
Acción de Beijing como un poderoso instrumento hacia un mundo con
equidad, igualdad, justicia y democracia.
Nueva York, 4 de marzo del 2005
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