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BIENVENIDA

Itziar Lozano,
Milenio Feminista

Buenos días a todas. Me da una gran satisfacción saludarlas y constatar el gran interés que despertó esta convocatoria, a la cual han acudido ustedes desde muchos países y desde muchos lugares de este país.

Por el esfuerzo realizado en la defensa de su participación al evento a pesar de las incertidumbres y dificultades que todas experimentamos, las felicito y nos felicito.

Nos encontramos aquí en nuestra calidad de integrantes de los movimientos de mujeres y del movimiento feminista que ha luchado, durante más de dos décadas, por lograr la responsabilización de los gobiernos de la región en la tarea de transformación de las condiciones en que vivimos las mujeres. El objetivo de esta reunión es hacer un balance del cumplimiento del Programa de Acción Regional para las Mujeres de América Latina y el Caribe 1995 y de la Plataforma de Acción de Beijing, con el fin de identificar los obstáculos principales que a lo largo de esos años hemos encontrado, desde nuestra perspectiva como parte de la sociedad civil.

Estamos conscientes de que la Plataforma ha sido un instrumento importante que ha servido de base para nuestras demandas hacia los gobiernos durante la década que pasó. Hoy, nuestra experiencia de seguimiento a estas acciones nos obliga a constatar los cambios producidos en el contexto mundial y regional y los nuevos retos que tenemos ante nosotras.
En este momento de introducción al Foro quiero plantear algunas de las interrogantes que considero serán materia importante para analizar y debatir durante las sesiones, y que están relacionadas con los dos temas que tratará la Conferencia de la CEPAL: El primer tema se refiere a la globalización, pobreza, equidad e igualdad de género y el segundo se remite a la democracia, empoderamiento e institucionalización de la perspectiva de género.

La globalización es un fenómeno multidimensional de tremenda magnitud que ha transformado drásticamente las relaciones económicas, comerciales, políticas y sociales entre los países y al interior de ellos. Ha abierto una enorme polarización económica y social, contraponiendo las experiencias y perspectivas de vida de aquellos sectores de la población que acceden a los beneficios de la globalización y aquellos que son excluidos. El Estado-nación y las políticas nacionales se han debilitado frente al enorme poder que acumulan las empresas multinacionales. Los organismos internacionales y multilaterales han concentrado las decisiones en manos de unos cuantos países, y la falta de soberanía ha permeado todos los procesos de carácter regional, nacional, y local, dando lugar a nuevas formas de estratificación social y a grandes desigualdades.

Los procesos de globalización han borrado prácticamente las fronteras en la producción, el comercio y el consumo de bienes y servicios. Hoy, una mercancía –desde la más sencilla hasta la más sofisticada- puede ser producida en diversas partes del mundo y viajar miles de kilómetros antes de llegar a su destino final. Se puede hablar de la producción global y, desde esa perspectiva, también de trabajadores, pero sobre todo, de trabajadoras globales. Las mujeres incorporadas crecientemente al mercado de trabajo enfrentan el doble reto de la equidad laboral y la equidad género en un mercado de trabajo mundial competido, flexible y polivalente.

En este marco, la pobreza de las mujeres no es un simple resultado de la globalización sino que se puede ver, también , como el proceso inverso. La globalización está siendo posible porque está asentada en la reducción persistente y sistemática de los salarios y prestaciones de las mujeres trabajadoras, en la instalación de maquiladoras que no respetan las prestaciones establecidas, en las nuevas formas de organización del proceso productivo para acelerar ritmos y movimientos, con el consiguiente deterioro de la salud de la trabajadora, en el trabajo a domicilio, que libera a la empresa de gastos, paga una mínima parte a las mujeres de lo que con su trabajo se obtiene, y prolonga al doble las jornadas laborales. En este trabajo flexibilizado no hay lugar para programas de previsión social, de pensiones, de jubilaciones o de cualquier otra forma de visión de futuro con independencia económica. La globalización se finca asimismo en la reducción de servicios públicos esenciales para la vida, como son los de salud, alimentación, cuidado infantil, y los de agua y saneamiento en zonas rurales y el traslado de la atención de estas necesidades a manos de las mujeres. El Foro deberá analizar la información que se ha acumulado en este aspecto.

Hablar de pobreza rural, es hablar de mujeres pobres, no sólo porque los ingresos provenientes de la producción agrícola, forestal, pesquera o pecuaria resultan cada vez más difícil de obtener, sino porque las mujeres, somos cada vez más responsables de la producción de alimentos de la región. Globalización y migración parecen venir juntas, con efectos singulares para las mujeres del campo y también de la ciudad. La creciente responsabilidad de éstas en la obtención de los ingresos y manutención de las familias no es proporcional a su acceso a la propiedad de la tierra, al crédito, al agua, al bosque, a los recursos pero, sobre todo, a la toma de decisiones y al poder. Los avances en la equidad de género no sólo debemos medirlos en el número de presidentas, diputadas, senadoras, dirigentes de partidos sino también en la participación de las mujeres en los municipios, en las organizaciones de producción, en los grupos gremiales, en la dirigencia de las empresas de todo tipo. El saldo arroja un futuro lleno de retos, en el que construir de abajo a arriba siempre resulta más lento y con mayores grados de dificultad.

Los programas de combate a la pobreza, incluso aquéllos que pretenden promover la participación de las mujeres, deben ser evaluados con detenimiento. Es necesario continuar el debate sobre los indicadores de género en estos programas y al mismo tiempo, mantener nuestra exigencia de que los programas sociales y económicos caminen en un mismo sentido. Poco valdrá que se multipliquen los recursos para proyectos productivos de mujeres si sus productos no encuentran un mercado que les otorgue viabilidad económica. La recuperación de mercados locales y nacionales, en el marco actual, sólo puede ser resultado de políticas económicas de estado. De igual modo, el acceso más equilibrado de las mujeres a la educación aparece nulificado si los mayores estudios de las jóvenes no les significan más y mejores empleos. La reforma económica debe acompañar a la política social. Nuestros países deben recuperar su derecho a otorgar subsidios, a compensar las desventajas, a hacer uso estratégico de nuestros abundantes recursos naturales y energéticos. En una palabra, a promover un desarrollo económico basado en la equidad y la justicia social. En estos días tendremos ocasión de valorar las propuestas que hayan surgido en este aspecto.

Al mismo tiempo que se dan estos procesos, es evidente que la globalización ha transformado los sistemas de relaciones de género y se abren nuevas oportunidades para las mujeres. Se globaliza la información, la movilidad, ciertos recursos y aprendizajes, las relaciones sociales y culturales. Se globaliza la solidaridad.

Para el movimiento feminista y de mujeres, el reto central es mantener una doble posición. Por un lado, entender las formas que toma el dominio y el poder de los grandes actores y el peso de su acción, con el fin de ubicar hacia donde dirigir nuestra estrategia. Por el otro lado, mantener la claridad de que la resistencia de los diferentes sujetos, como son los movimientos de las mujeres, junto con otros muchos movimientos regionales, puede generar nuevos escenarios y construir otras alternativas.
Es preciso manifestar ante los gobiernos el rechazo al modelo neoliberal que hoy acompaña en muchos casos los procesos de globalización aunque globalización y neoliberalismo no tienen necesariamente que ir juntos. Es necesario exigir que los gobiernos no se rindan ante la lógica de los grandes actores internacionales, el FMI, la OMC, los Bancos internacionales, ni se suscriban sin condiciones a los tratados internacionales, ni permitan la pérdida de la soberanía alimentaria, ni continúen la privatización de los servicios públicos y de las fuentes de energía, procesos que impactan a los sectores en mayor precariedad de recursos y definitivamente en las mujeres. Los gobiernos de esta región tampoco tienen que permitir el debilitamiento de su estructura y fortalezas porque es necesario que sean capaces de hacer valer la normatividad vigente, de implementar políticas y servicios hacia la población y de dar cumplimiento efectivo a las responsabilidades que tienen frente a sus poblaciones. Es necesario continuar la búsqueda de nuevas alternativas económicas, políticas y culturales, urgir a los gobiernos de la región a que adopten modelos alternativos de desarrollo, y a integrar alianzas entre ellos que los fortalezcan y les permitan márgenes de maniobra frente a los actores globales, en beneficio de sus estados nacionales.

El movimiento de mujeres nació con un carácter globalizador a través del cual tenemos la experiencia de construcción de alianzas con los movimientos de muchos países. En México, estamos viviendo el efecto de esa gran alianza internacional en torno a la campaña contra la impunidad en el caso de Cd. Juárez. Es necesario encontrar nuevas formas de conformar vínculos con los movimientos internacionales de resistencia a estos modelos impuestos, al tiempo que promovemos la resignificación de los movimientos tradicionales de las mujeres para que se inserten en una visión de resistencia mas amplia: los movimientos de las trabajadoras, los de sin techo y muchos otros.

El Foro deberá reflexionar sobre las formas en que los gobiernos están enfrentando los nuevos niveles de violencia contra las mujeres que hoy emergen. Se está dando un agravamiento de las formas y de la intensidad de la violencia, en sus formas estructurales, en las situaciones de inseguridad para las mujeres y en la impunidad con que se ejerce. Las mujeres están encontrando nuevas formas de violencia a nivel doméstico pero también en la calle y en el trabajo, cuando emprenden caminos de autonomía laboral y personal y deciden poner freno a la violencia del poder masculino ejercido en la cotidianeidad. A pesar de que el combate a la violencia es una de las primeras luchas emprendidas por el movimiento feminista, todavía las legislaciones no se han modificado de manera efectiva y permiten la reiterancia de la violencia, justifican el castigo a las mujeres y jóvenes y a las niñas y no tipifican la violencia conyugal. Es necesario emprender acciones determinantes, integrales y concertadas ampliamente para detener el tráfico sexual globalizado de mujeres, niñas y niños.

Los feminicidios de Ciudad Juárez ponen en evidencia algunos de los múltiples factores que alimentan la violencia: la dinámica deshumanizante y desintegradora de las relaciones sociales y comunitarias producida por la presencia de las maquiladoras en ausencia de un proyecto de desarrollo integral de la región; el modelo de desarrollo que genera estos procesos es el que se promueve desde Juárez y hacia el Sur a través del Plan Puebla Panamá. Las muertes de Juárez han puesto nuevamente de manifiesto la falta de acceso a la justicia y el imperio de la impunidad, que es una de las lacras más fuertes que existe en la mayoría de los países de la región. Hay complicidad de las autoridades y gobiernos de las situaciones de violencia y no hay inversión presupuestal significativa por parte de los gobiernos. La reciente declaración de la fiscal especial denunciando la complicidad de los funcionarios públicos en los feminicidios de Juárez es uno de los pasos más claros en la lucha contra la impunidad y representa una señal de esperanza.

A partir de la acción del movimiento de mujeres, se crearon Centros de atención y de servicios públicos para la atención a la violencia. Hoy muchos de los servicios creados carecen de presupuesto y calidad suficiente para que la atención sea efectiva y con resultados de largo plazo. Crecientemente, estos servicios están adoptando el discurso y las prácticas conservadoras de la mediación a ultranza, la mediación como forma de mantener a la mujer dentro de la casa y del vínculo conyugal. Estas prácticas violan el derecho de las mujeres, porque cuando hay delito penal ya no hay posibilidad de mediación.

Será importante revisar en el Foro si las legislaciones y las políticas gubernamentales están fomentando y permitiendo la democratización de los espacios familiares, si están respetando, protegiendo y dando soporte a la diversidad de los arreglos de vida, de sostén económico y de solidaridad afectiva que las mujeres y hombres se han dado, no en las llamadas familias naturales sino en las familias como espacios en donde las mujeres, niñas niños y hombres se organizan para lograr la sobrevivencia económica y darse a sí mismos soporte afectivo, ante los cambios sociales que han ocurrido y ante sus nuevas necesidades de vida.

También deberá revisar el Foro el cumplimiento de acuerdos y compromisos en torno a los derechos de las mujeres a la salud. Hacer el balance de los resultados de las reformas a los sistemas de salud que se llevaron a cabo durante estos años. Evaluar, entre otros, los efectos de la aplicación de los paquetes de salud básicos que desecharon la aspiración de salud integral, y que hoy no conducen a que las mujeres puedan ejercer sus derechos a la salud sexual y reproductiva.

Otro los grandes temas que será necesario abordar en el Foro es el de la institucionalización de la perspectiva de género, y con él, el tema de los mecanismos para lograrlo. A lo largo de la década estos mecanismos se fueron concretando fundamentalmente en la forma de Institutos de la Mujer, en consejos consultivos y sociales y en mecanismos de vigilancia y normatividad a ser ocupados por mujeres que vigilaran la aplicación de la perspectiva de género. El balance de los logros de estos mecanismos ha provocado decepción y consternación en muchos países, ya que no han tenido los alcances que se esperaba, ya sea por su débil institucionalidad que les permite una escasa capacidad de interlocución con el conjunto de las instituciones o por la escasez de presupuesto entre otros factores.

Un problema central que aparece en muchas de las experiencias es la intencionalidad de los gobiernos de hacer de los institutos meros instrumentos al servicio de intereses políticos o gubernamentales, y no de la transformación de las políticas estatales en función de la igualdad de hombres y mujeres. Es difícil para los institutos llevar a cabo su cometido cuando los procesos democratizadores en el país se han estancado o están en retroceso. En este aspecto, las presiones de los grupos fundamentalistas y conservadores, que niegan los derechos de las mujeres al control de la vida propia, dificultan enormemente el trabajo de los institutos para cumplir su misión.

Al mismo tiempo, la falta de definición de un proyecto estratégico que afiance de manera consecuente sus propuestas económicas, sociales y políticas y sus programas. Marcados por estas contradicciones de fondo, muchos institutos han perdido la relación con el propio movimiento feminista y con las expertas que provienen de éste, cuyos aportes fueron garantía en un inicio de solidez conceptual y programática. Será importante que el foro reflexione sobre qué tipo de normatividad, rendición de cuentas, instrumentos y recursos que puedan fortalecer a los institutos, y activar por otra parte, formas de transversalización hacia otras instituciones gubernamentales de manera más directa y menos concentrada en los institutos.

Al mismo tiempo, es central generar mecanismos de participación de las mujeres de la sociedad civil que sean instrumentos efectivos de aporte y de decisión para la institución y no simples espacios de contención de las mujeres del movimiento.

Por último, quiero celebrar, en este espacio, la presencia de las representantes de los movimientos de mujeres negras, indígenas y de otros grupos que desde hace años se vienen articulando en el movimiento feminista. Será importante que en este foro podamos perfilar la base de las relaciones entre todas nosotras, a partir de aquellos intereses, derechos y valores que consideremos comunes. Que podamos perfilar los pactos posibles.

Concluyo aquí esta larga introducción al Foro, que es a la vez una invitación a ustedes y una expresión de mis deseos. De nuevo les doy las gracias por estar aquí y las invito a gozar del intercambio, del debate y del conocimiento mutuo. Declaro inaugurado el Foro.

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